El inicio de una gran historia
Antonio Hernández no nació en una familia adinerada. Como muchos de nosotros, llegó a Estados Unidos buscando una vida mejor. Y sí, su primer trabajo fue de lavaplatos. Literalmente fregando platos a toda velocidad mientras soñaba con otra vida.
Pero no pasó mucho antes de que alguien notara su actitud... y lo ascendieran a mesero. Comenzó su camino en el sector inmobiliario con pequeños proyectos, sin acceso a las herramientas o financiamiento que necesitaba para crecer.
Fue en esos momentos de dificultad cuando Antonio se prometió a sí mismo que, si lograba construir algo grande, encontraría la forma de ayudar a otros empresarios latinos a superar las mismas barreras.